Posts Tagged ‘Facebook

28
Sep
14

Video: Lo que sucede cuando alguien publica en Facebook

Este video (2 min 35 seg, en Inglés) muestra lo que realmente sucede cuando alguien publica en Facebook:

07
May
11

Hay un futuro después de Facebook

Hay (y tiene que haber) un futuro después de Facebook: las redes sociales federadas o redes sociales distribuidas.

El escenario actual es el siguiente: un usuario crea un perfil en Facebook, dicho perfil (más las fotografías, vídeos, comentarios, etc.) está almacenado en los servidores de la empresa y sólo puede interactuar con los perfiles sociales de otros usuarios que también pertenecen a esta popular red social. Es un sistema cerrado, es una isla: los usuarios, en cierto modo, están “atrapados” por esta empresa.

Por otro lado, las redes sociales federadas o distribuidas pueden comprenderse mejor haciendo una analogía con el sistema actual de correo electrónico: puede haber múltiples proveedores web de perfiles sociales, una empresa u organización puede elegir entre instalar, en sus servidores, el software para administrar perfiles sociales o contratar un servicio de alojamiento. Los perfiles creados en este futuro escenario pueden interactuar entre ellos sin limitaciones. Es un sistema abierto: es un amplio conjunto de pequeñas islas (que representan a los proveedores u organizaciones) que interactuan entre sí.

Los primeros intentos de desarrollo en esta nueva dirección los están dando proyectos como Status.net (en microblogging) o Diaspora (en redes sociales), aunque el proyecto de Diaspora está en aparente punto muerto.

Fuente: Electronic Frontier Foundation’s Deeplinks blog

11
Abr
11

Documental: La cara oculta de Facebook

Interesante documental, de Enero de 2009, sobre Facebook:

17
Mar
11

Facebook va ganando la batalla

Perspicalia es un blog escrito por Alfredo de Hoces (autor de “Fuckowski, memorias de un ingeniero“, una novela sumamente recomendable) y dos colaboradores más. Uno de ellos, Juin, publicó hace ya algún tiempo una entrada muy entretenida relatando su pertenencia al grupo de “resistencia” llamado “Yo no necesito un Facebook” y como debido a la intensidad de los ataques por todos los flancos admite su derrota y se crea un perfil en la ya famosa red social. La entrada es tan buena que quiero transcribirla para que puedan disfrutar de su contenido y redacción:

Hace años formé parte de un grupo de resistencia. Era el grupo “Yo No Necesito un Teléfono Móvil”. Nuestra causa era noble, el lenguaje SMS nos repugnaba y el estar conectados a todas horas del día con cualquier pesado que quisiera llamarnos nos parecía una pesadilla. Pero acabamos cayendo, uno por uno. Algunos aún aguantan como héroes, pero nadie ya les conoce ni se acuerda de ellos. El precio que pagaron por su libertad fue alto: ya no tienen amigos y se han quedado recluidos en sus pisos de Barcelona.

Y como la historia se repite, he vuelto a formar parte de un grupo. Pero “Yo No Necesito un Facebook” está siendo atacado por todos los flancos, así que me rindo: me he hecho un perfil. Igual que pasó con el teléfono móvil, hoy en día el que no tiene un perfil en Facebook es un paria sin vida al que todos miran como si fuera un marciano. Esta conversación, con ligeras variantes, la he tenido los últimos meses ya varias veces.

“Encantado de conocerte, seguimos en contacto; te busco en Facebook y te agrego.”
“Es que… no estoy en Facebook.”
“¿Por qué no?”
“No lo necesito.”
“Pero te mantienes al día de lo que hacen tus amigos lejanos, conocidos. Está muy bien. Tienes que empezar a usar internet.”
“Uso internet, créeme. Lo que pasa es que no quiero saber esas cosas. Se me hace antinatural el enterarme de que a alguien que hace cuatro años que no veo le gustan ahora los Red Hot Chilli Peppers y se ha apuntado al grupo A mi también me molestan las pelotillas del ombligo. Me parece una pérdida de tiempo. ”
“¡Qué guay! ¡Es la primera vez que conozco un sociópata! Espero no verte nunca más.”

Además, no puedo luchar contra la evidencia. Cuando uno no tiene azucar tiene que tirar de sacarina. Igual que le pasa a todo el mundo que se empieza a acercar a la treintena, mi vida social está desapareciendo lenta pero inexorablemente, así que tendré que empezar a usar la nueva “sacarina de la amistad” en la que se ha convertido esta red social para dulcificar mi previsible futura soledad.

Así dentro de unos años, cuando estemos todos esclavizados por nuestros trabajos, hipotecas y relaciones, podremos al menos sentarnos delante de nuestras pantallas a última hora de la noche. Desajustaremos nuestras corbatas y nos pondremos una gorra de medio lado. Actualizaremos nuestro perfil para que las agencias de marketing y la CIA estén al día y recordaremos las patéticas y peligrosas intoxicaciones etílicas que nos provocamos cuando eramos chavales. Que buenos tiempos aquellos, que jóvenes estamos en la foto, las risas que nos hacíamos antes todos juntos…

Luego alguien tendrá un hijo y colgará sus fotos en el perfil. Nos plantearemos como demonios hace Facebook para conseguir el espacio de disco para guardar las toneladas de fotos que sube nuestro amigo. Menudo reto técnico. Pero no diremos nada, felicitaremos a la pareja con un pulgar digital alzado y sonreiremos de medio lado pensando que están haciendo el ridículo. Pero justo después nuestras parejas se llenarán de envidia, nos presionarán y acabaremos teniendo nuestros propios infantes. Nuestros routers echarán fuego cuando las imágenes de nuestros retoños entren a nuestros perfiles a una velocidad media de 100 fotos por minuto.

Será entonces cuando llegaremos a la tercera edad. A diferencia de nuestros abuelos, nosotros no tendremos que contar batallitas. Un día nuestros nietos entrarán en Facebook y leerán las desfasadas, infantiles y radicales opiniones de cuando teníamos veinte años, luego se reirán por dentro cuando lean cómo gradualmente la edad nos fue moderando hasta convertirnos en mediocres oficinistas con corbata que votan a un partido mayoritario, después deducirán con horror como en la crisis de los cuarenta intentamos acostarnos sin éxito con la tía Gertrudis usando largos poemas y chistes malos en su muro, y por último serán testigos de nuestra progresiva senilidad cuando vean que acabamos saliendo del grupo “Yo también tengo resaca” y nos apuntemos al grupo “Club de Extreme Petanca”. Entonces nos sentaremos con ellos e intentaremos contarles que eramos unos nadadores portentosos cuando eramos jóvenes y se descojonarán de nosotros recordando la barriga cervecera que han visto en miles de fotos colgadas a lo largo de los años.

Las juventudes de nuestros abuelos están rodeadas de un halo de misticismo porque sólo tenemos una o dos fotos suyas en blanco y negro, y casi siempre de uniforme y posando. Nosotros estamos haciendo documentales completos de nuestra estupidez. Y como la superpoblación y la contaminación serán problemas serios en el futuro, nuestros nietos utilizarán nuestros perfiles de Facebook como prueba para aprobar la eutanasia obligatoria en el Parlamento Mundial de toda la “Generación FB”. La evidencia será tan abrumadora que no podremos ni protestar.

Pero perdonad, que me voy por las ramas. A lo que quería llegar es: al que me ponga en un tag de una foto le buscaré esté donde esté en el globo y le estrangularé con mis propias manos.




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